LOS ANGELES DE LA GUERRILLA DE ÑANCAHUAZÚ. PRIMERA PARTE

LOS ÁNGELES DE LA GUERRILLA DE ÑANCAHUAZÚ.  Así titula las reminicencias que realiza el que fuera subteniente Cesar Peredo Maldonado, de lo que le tocó vivir en la Campaña de Ñancahuazú de 1967. Desde Viacha, fue trasladado al cuartel de Chorety que era y es dependiente de la Cuarta División. En la segunda semana de abril fue destinado a  la dependencia del Comando del a 8va. División para formar parte del contingente que recibió instrucción especializada Ranger,durante cuatro meses. El 14 de septiembre de 1967, el subteniente Peredo, orgánico de la Compañía "C" del Batallón Ranger 2, marchó a la zona de operaciones.


Lo más importante de su actuación fue su persecución efectuada al grupo de Pombo que huyó del cerco de El Churo el 8 de octubre; días más tarde, este mismo grupo huyó de otro cerco rompiéndolo; el pelotón del Sbtte. Peredo como otros y por rutas distintas, los persiguieron por un espacio de unos 60 kilómetros, hasta Mataral, donde el pelotón del Sbtte. Castellón logró alcanzarlos y les produjo una baja: El Ñato . 

 

Lo más anecdótico que encontré en este relato, es cuando este oficial indica que durante su permanencia en campaña, NI UN SÓLO TIRO SALIÓ DE SU PISTOLA.

 

Esto es lo que escribe el ahora coronel Cesar Peredo y que lo copio inextenso, exceptuando una nota aclaratoria vertida entre paréntesis, acerca del entierro del Che Guevara en la pista de Vallegrande:

 

 

  LOS ÁNGELES DE LA GUERRILLA DE ÑANCAHUAZÚ

 

 

El año 1967 era para mí, el primer año de Subteniente y me encontraba destinado por Orden General del Ejército N° 01/67 del 9 de Enero; en el Regimiento Max Toledo 23 de Infantería.  Desempeñaba las funciones de Comandante de Sección, instructor de soldados del primer escalón. Hasta el mes de Marzo se había avanzado ya en cierto modo parte del programa de la instrucción básica del período individual.

 

Los oficiales subalternos habíamos adquirido la costumbre de asistir a la puerta del cuartel a conversar después de la instrucción más o menos a las 1230 o 1300 para luego pasar a servirnos el almuerzo en el comedor del regimiento. Se supone que era la tarde del 24 de Marzo cuando escuchamos las noticias por radio de que se habían detectado acciones guerrilleras al sur este del país, momentos en los que nos hizo llegar el estafeta del comando, la orden escrita de presentarnos en el Comando de Ejército a las 0730 del día siguiente con nuestras maletas a fin de recibir instrucciones. Esta orden nos la comunicaron al subteniente. Hernán León y a mi persona.

 

Llegando al Comando de Ejército nos encontramos reunidos 7 oficiales de la misma tanda los mismos que habíamos sido citados con el mismo propósito. Estuvimos presentes en el Dpto. III los Subtenientes Hernán Aguilera Bianchi, Hernán León  Espinar, Hernán Parada Medina, Enrique Huerta Lorencety, Henry Laredo Arce, Cesar Peredo Maldonado, y Víctor Encinas Montecinos. El encargado de clase II, nos entregó un cinturón de campaña, una pistola de 45 mm., dos cargadores y dos cajas de municiones de 50 cartuchos a cada uno. Luego como era de esperar probablemente íbamos a cumplir una misión, fuimos traslados al aeropuerto para embarcarnos en un avión carguero que nos trasladó a la ciudad de Santa Cruz. Llegamos al Comando de la Octava División, allá recibimos un colchón de aire, un sliping, un mosquitero, e inmediatamente recibimos la orden de trasladarnos a Chorety el Subteniente Henry Laredo y mi persona en el avión que partía en una hora. Llegando a la pista de Camiri nos embarcamos en la movilidad que estaba dispuesta para el traslado a Chorety población que pasamos de largo para llegar al cuartel del Grupo de Artillería “Bullain” que en ese entonces tenía su base en las instalaciones del cuartel de Chorety,  donde fuimos recibidos por el Capitán. Vega, oficial de complemento, e instalados en las habitaciones que según él habían ocupado el teniente. Amezaga y el Subteniente. Saavedra, ubicados próximos a la  cocina y al otro extremo de las viviendas que seguramente estaban ocupadas por familiares de los oficiales destinados en esa unidad.

 

El 1 de Abril de 1967 el Comando de la Cuarta División de Ejército había emitido la Orden de Operaciones N° 02-04/67 donde habíamos sido incorporados el Subteniente. Henry Laredo Arce a la Compañía “B”, y yo a la Compañía de Seguridad. Orden que no llegamos a conocer por ningún medio.

 

Todo lo que teníamos en mente era fruto de los comentarios que salía de alguna conversación con el Capitán Vega, y no contábamos con un radio receptor. Nos mantuvimos por un tiempo sin haber recibido ninguna orden concreta desde nuestra llegada a esta guarnición. No disponíamos de cartas de la zona y francamente no sabíamos que papel debíamos cumplir. No teníamos contacto con ningún superior jerárquico, en síntesis estábamos tan aislados y desorientados que personalmente yo quise dedicar el tiempo a impartir instrucción de orden cerrado a la guardia de cuartel.

 

El diablo anda suelto y eso nadie prevé, digo esto porque mi dilecto amigo y camarada Henry Laredo Arce la tarde del 5 de Abril decidió trasladarse a Camiri con sus pertenencias, prácticamente su maleta; en un jeep que el decía que iba a pasar con dirección a esa localidad. Se embarcó y se fue habiendo yo quedado solo en espera de órdenes superiores. El día 9 de Abril por la mañana a las 09:00 mas o menos pasó una movilidad en dirección a Camiri en la que se decía estaban trasladando el cadáver del Subteniente. Henry Laredo Arce.

 

Pasados unos días sin haber pensado que podía correr la misma suerte decidí ir también a Camiri en la primera movilidad que estuviera disponible y así lo hice quizá para probar mi destino. Llegando a la ciudad me iba a presentar en el Comando de la Cuarta División, cuando pasé por la puerta me llamó al parecer el Coronel. Libera Cortéz y me ordenó que tome el mando de la sección de soldados que se encontraban en el canchón posterior y que fuera a Ñancahuazú, entre sorprendido e incrédulo por tal disposición quise comprender mejor la orden recibida, antes de que me haya presentado. Sin embargo puedo asegurar que en mi caso hubo un ángel que apareció en el acto, aun cuando yo estaba dispuesto a cumplir la orden, me refiero al Capitán Ángel Serrano Sibila que intercedió con el fin de que yo me quedara en el Comando de la División para hacer funcionar la radio GRC-9 que tenía disponible para comunicarse con el Capitán Gary Prado Salmón. Después de algunos intentos para que el equipo funcione quedamos en que no era posible entablar comunicación con nadie porque estos equipos de AM requieren de grandes antenas instaladas en campo abierto orientados hacia la dirección en que se encuentra el otro equipo, además no había código de frecuencias ni horario de contactos. Viendo la imposibilidad de comunicarnos, comprendí que quizá estaba yo desactualizado para manejar un equipo obsoleto.

 

Imaginé que esta dificultad aparente fue la causa para que el día 12 de Abril  en pocas horas reciba la orden de constituirme destinado en comisión en el Regimiento Manchego 12 de Infantería con asiento en la localidad de Guabirá, unidad dependiente de la Octava División.

 

En esta unidad participamos en un rastrillaje que el Regimiento realizó en la zona sur del río Grande para determinar que el área estaba libre de guerrilleros. Lugar donde debía establecer su base de operaciones la Compañía comandada por el capitán Mario Vargas Salinas.

 

Del cuartel del Regimiento Manchego donde habíamos retornado después de haber realizado la mencionada operación, – cuartel en el que permanecí un tiempo sin función que desempeñar, – fuimos trasladados al Ingenio azucarero abandonado “LA ESPERANZA” donde se inició la instrucción militar de Contra Guerrillas, esta instrucción se llevó a efecto bajo el mando del mayor Miguel Ayoroa quien era el Comandante del Batallón del “RANGER 2”. Los  Comandantes de Compañía fueron los capitanes Celso Torrelio Villa, Compañía “A”; Gary Prado Salmón, Compañía “B”; Angel Mariscal Gómez  Compañía “C”; esta instrucción se llevó a cabo con la asistencia de un grupo de jefes, oficiales y sargentos del Ejército de los EE.UU- de Norte América; que según se llego a conocer fueron un personal con experiencia de combate en la campaña de Vietnam, a cuyo mando se encontraba el Mayor Shelton y su colaborador inmediato el Capitán Frique mas 12 sargentos.

 

Fue designado como  Comandante de la Compañía “C” el capitán Ángel Mariscal Gómez , otro ángel en mi destino, yo fui destinado como comandante de un pelotón de esta compañía, unidad de 40 soldados armados con carabinas M-1; los mismos que culminaron con la instrucción mientras se desarrollaban las operaciones de contraguerrillas en la jurisdicción de la 4ta. División de Ejército en la zona sur del país. Los subtenientes Guillermo Aguirre Palma, Mario Romero Moyano, Jorge Araníbar Rojas, Germán Benegas, Carlos Pérez, Tomás Totty Aguilera, Hugo Loza, Eduardo Huerta Lorenzetty, cumplían las mismas funciones y entre nosotros se encontraban los sargentos Bolívar, Mario Terán, Bernardino Huanca. En realidad mientras transcurría el tiempo la instrucción militar se desarrollaba con total entrega y dedicación, sin embargo entre muchas cosas surgieron algunos hechos que no pasan de ser anecdóticos. El sargento Bolívar se dedicaba a comprar algunas pertenencias de los guerrilleros como relojes y que nadie sabe de que modo llegaban a manos de los presuntos dueños.

 

El periodista y escritor José Luis Alcazar anota en su obra Ñancahuazú la Guerrilla del Che en Bolivia:

 

Tropas al mando de Calvi, Moreira, Laredo, Galindo, Pérez Panoso y otros avanzan hasta la casa de Calamina. Luego al campamento guerrillero.

 

El día “D” es el 7 de Abril, cuando las tropas del ejército se acercan hasta las mismas puertas del campamento, mientras la aviación y la artillería realizan una operación de limpieza en la región.

 

Por la noche, los efectivos regulares ingresan al campamento central y grande fue la sorpresa cuando no encontraron resistencia ni hallan a ningún guerrillero.

 

En su obra Ñancahuazú Apuntes para la Historia Militar de Bolivia”; el teniente Diego Martínez  Estévez anota la emboscada del día 8 de Mayo, entre párrafos lo siguiente:

 

El Teniente Arnés, al tener conocimiento sobre la recuperación enemiga de sus campamentos, destacó una patrulla de combate al mando del Subteniente Henry Laredo.

 

Tuma que cumplía misión de vigilancia dio parte sobre la aproximación de la patrulla, cinco minutos mas tarde dos soldados sobrepasaron  la emboscada sin descubrirlo.

 

El Oficial no muy convencido del parte recibido, se adelantó con dos Alumnos de la Escuclases seguido del grueso dislocado en dos columnas, la primera por la playa del río y la otra por la senda paralela.

 

El Comandante de la patrulla, temerariamente se arrodillaba y apuntaba a las posiciones rojas dando señales de mando a la tropa, lo propio hacían los Alumnos hasta que el Sbtte. Laredo abrió fuego sobre un presunto blanco y casi al mismo instante murieron el Oficial, los Alumnos Luis Pelaes y Alfredo Arroyo; fueron tomados prisioneros 19 soldados.

 

El día 8 de Mayo en su Diario de Campaña anota el Che Guevara entre otras acciones lo siguiente:

 

Más tarde informó la posta de repetidas exploraciones de guardias que llegaban a la esquina del río y volvían. Todo el mundo estaba en tensión cuando llegaron, al parecer 27 guardias. Habían visto algo raro y el grupo comandado por el Subteniente Laredo avanzó: el mismo inició el fuego y cayó muerto en el acto, junto con dos reclutas más. Ya caía la noche y los nuestros avanzaron capturando 6 soldados; el resto se retiró.

 

Con esta noticia parece que queda desvirtuado el comentario que decía que fue su muerte en Abril como se había anotado anteriormente. Desvirtuado porque fue una vil mentira la información que yo recibí.

 

Uno de los hechos que no deja de impresionarme fue la conversación que sostuve con el Suboficial Mario Terán en una reunión a la que nos invitaron los cañeros de la región después de terminado el período de instrucción militar, donde asistimos todos incluyendo el Comandante de Unidad. En la vía aledaña al ingenio estacionaron dos jeeps cargados de cerveza e inmediatamente cada quien empezó a servirse a discreción de las botellas a los vasos. Personalmente yo me había ubicado un tanto alejado del grupo sin embargo el Sgto. Terán trajo una botella y un vaso y sirviendo la cerveza me ofreció expresando lo siguiente: “Le juro mi teniente yo lo voy ha matar al CHE, sírvase por favor”. A esta invitación repuse, traiga otro vaso para usted y nos serviremos. Cabe remarcar que el mencionado suboficial pertenecía a la Compañía “B”.

 

Concluido el período de entrenamiento nos movilizaron con dirección a Vallegrande el 25 de Septiembre con la misión de terminar con la guerrilla; permanecimos en Vallegrande unos días, luego partimos con dirección al poblado de Alto Seco en vehículos, lugar donde pernoctamos en las instalaciones del templo que se encontraba en un extremo de la plaza del pueblo; los habitantes de este lugar nos informaron que  en esta población estuvieron los guerrilleros aproximadamente el 22 de Septiembre pretendiendo conseguir la adhesión de los pobladores quienes demostraron desconfianza y no les prestaron atención. A partir de este lugar nos dirigimos a k’hasa Monte a pie, al Naranjal y luego al río Santa Elena. Habíamos tomado la orilla opuesta para vivaquear y cuando nos disponíamos a descansar apareció un campesino, quien habló con el capitán Mariscal para informarle que los guerrilleros habían estado ocupando una quebrada al pié de la montaña donde nos encontrábamos y que podían ser sorprendidos si nos descolgábamos subiendo a la cima. Se encolumnó la compañía para cumplir el plan que había concebido el guía, subimos a la montaña y llegamos a la cima a las 18:30 aproximadamente. En el lugar recibí la misión de ingresar con mi pelotón a la quebrada, el Subteniente Jorge Araníbar Rojas con su pelotón de bazucas y morteros 60 mm. debía prestarnos apoyo y el Subteniente. Romero con su pelotón ocupar posiciones en lo alto de la montaña.

 

Al ingresar con el guía por delante encontramos un bosque cerrado de árboles coposos que obscurecían por completo el ambiente, avanzamos pensando que en esos parajes no podía estar el enemigo. De pronto, el soldado Basilio Rojas Salinas (alias Llajuitas), Primero de Pelotón, confundiendo unos pedrones debajo de una roca plana con los guerrilleros, disparó su carabina provocando la alarma. Este era un cráter plano a los cincuenta metros de profundidad de la cima, como de un medio manzano de extensión, mas adelante el extremo que aparecía a nuestro frente era un barranco de más de doscientos metros que terminaba en la orilla del río Santa Elena, lugar donde se pretendía sorprender a los guerrilleros. Bajamos el risco perpendicular poblado de árboles, de pronto se oyó la explosión de una granada que podía ser de bazuca de mortero o de mano, sobre la tropa que ya había bajado a otro plano de extensión reducida. Ordené que enciendan la radio PRC-6 que teníamos disponible, cuyo uso estaba limitado por la duración de su batería; y que se pongan en contacto con la compañía que teníamos al frente, no hubo comunicación porque no se podían mantener en radio escucha, no estaban establecidos los horarios de contacto, tampoco habían indicativos de llamada. Pensando en lo que pudo haber sucedido, me percato de que faltaba una granada de mano que estaba enganchada en los arneses de mi mochila, inmediatamente pensé que pudo haber sido esa granada la que había explotado, en la oscuridad de la noche nadie  habría encontrado si derramé al bajar por rocas y ramas la pendiente y sola la granada no explota por casualidad; habiendo comprobado que ningún percance pasó con la tropa, en la incertidumbre, lo que correspondía era seguir bajando la pendiente.

 

Bajamos por entre las rocas, por las ramas de los árboles hasta llegar al pié de la montaña, el lugar estaba poblado de un bosque sucio y no había signos de que alguien hubiera ocupado el lugar; desde allá caminamos al punto de partida donde llegamos a las 23:30. El guía desapareció inmediatamente y nosotros quedamos sin haber sabido hasta la fecha porqué explotó esa granada y convencidos de que la información que el guía había proporcionado, era absolutamente falsa.

 

Al día siguiente incorporados ya a la compañía, continuamos por una senda con dirección a la Higuera cumpliendo la misión de perseguir a esta pretendida fracción de guerrilleros, al anochecer habíamos llegado a la cima de una montaña donde pasamos la noche. De acuerdo a los comentarios que el Comandante de Compañía nos refería, nos encontrábamos frente al poblado de la Higuera y él manifestaba que en esa zona estaban operando las otras unidades del Batallón y que debíamos retornar a Vallegrande.

 

Retornamos a Vallegrande sin haber encontrado al enemigo que probablemente estaba adelantado con unos días; al poco tiempo de estar en el pueblo nos llegó la sorpresa: EL CHE GUEVARA muerto, fue trasladado en helicóptero hasta la localidad de Vallegrande. Habiendo presenciado la llegada del helicóptero el día 9 de Octubre más o menos a las 1700 horas en la pista de Vallegrande; pude apreciar que evidentemente venía el cadáver amarrado al patín derecho del helicóptero en una camilla. Desde donde fue trasladado en una ambulancia al hospital Señor de Malta, fue instalado en la lavandería del hospital donde tuvieron acceso los reporteros y muchas otras personas según mi apreciación. Los comentarios hacían incierta cualquier versión oficial ya que se decía que había sido capturado vivo y fue asesinado. Aún en la camilla los reporteros pretendían reconocer la imagen del Che entre la incredulidad y el acierto. Es Reginaldo Ustariz Arce quien denuncia el crimen perpetrado en la persona de Ernesto Guevara de la Serna, y así se confirma el cumplimiento del juramento que hizo el Sargento Mario Terán en ocasión en que nos hallábamos en la Esperanza con los cañeros.

 

Esa noche tuve que quedarme con mi pelotón en la presunta lavandería, que según había observado era también la morgue del hospital, me quedé por orden del Comandante de Compañía. Desde luego las órdenes que me impartían no eran claras ni completas ya que llegaban a través de terceras personas y ninguna disposición me facultaba controlar el ingreso o la salida del personal en ese recinto donde descansaban también las monjas que probablemente cooperaban en los quehaceres de la salud. Es así que esa noche no hubo ninguna novedad al día siguiente las personas autorizadas llenaron el lugar; en la noche del mismo día estuvieron varias personas en particular dos individuos que no se identificaron que presumiblemente eran médicos del hospital, a quienes el portero les dejó pasar, éstos trasladaron el cadáver del CHE a la morgue y le sacaron una mascarilla utilizando la venda para el enyesado.

 

Mucho antes a este hecho llegaron transportados en una movilidad cinco muertos, algunos con la cabeza destrozada y otros con impactos de bala, los mismos que fueron depositados detrás de la lavandería.

 

Llegada la media noche apareció una volqueta que ingresó sin mayor trámite, se bajaron tres personas tomaron huellas digitales de los muertos que estaban con muestras de una descomposición acelerada y los cargaron en la volqueta habiendo también abandonado el recinto en absoluto silencio.

 

(Nota aclaratoria de este blog:  Era la volqueta del Servicio Nacional de Caminos que transportó el cadáver del Che y otros compañeros hasta la pista de Vallegrande donde fueron enterrados en secreto;  para la excavación de la fosa común se valieron de un tractor de la misma institución. Esta operación estuvo al mando del capitán  Mario Vargas Salinas, que años más tarde – 1997 – divulgó el lugar del entierro, dando fin con esto, a una peregrina búsqueda de sus restos, desde 1967).

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