COMENTARIO A: BOLIVIA ESTA EN LA MIRA DEL EJERCITO DE LOS EE.UU Y SUS “JUEGOS DE GUERRA”

  A lo publicado en facebook el día martes 07 de abril de 2010, por Eduardo Mardeco, quien expresó:

Diego, la verdad es que escribiste todo un testamento para decirnos que
eres afin al MAS, opino que tu y no Monica, vive en la, la land.. Evo y
el pais de las maravillas.

El enfoque de Monica es a mi parecer un
enfoque mucho mas real que el tuyo. Da la impresion que viste muchas
peliculas de hollywood ; satelites, cia, teorias de conspiracion; los
americanos explotando bombas para culpar a los talibanes….

Diego wake up and smell the coffee!!
:

Mi respuesta:

A propósito de "películas de Hollywood":

Precisamente hoy martes
06 de abril, la televisión internacional mostró cómo un soldado
norteamericano, pide permiso para disparar sobre un iraquí
supuestamente armado; su inmediato superior le otorga autorización con
un "Entendido". A continuación, el soldado indiscriminadamente lanza
una ráfaga de fuego contra un grupo de hombres y el supuesto
guerrillero iraquí – en realidad un reportero – cae muerto.

Este
tipo de incidentes donde mueren cientos de inocentes en Irak y
Afganistan son rutinarios y que raras veces, algún canal de televisión
logra mostrarlos, pese a las estrictas medidas de censura que aplican
"los guerreros de la paz".Ver más

Irak
fue invadida so pretexto que Sadam Husein montaba una central nuclear
con capacidad de fabricación de armas nucleares y que a la postre, se
demostró que esa "hipótesis de guerra", había sido FALSA, mejor dicho,
montada artificialmente. Los "sesudos" jueguitos de guerra que crean
aquelllos que gustan ser llamados como "estrategas militares", pueden
crear situaciones cual si fueran guionistas de cine y utilizarlos como
argumento para invadir países.

Si el que escribe estas lineas
no comprendiera en su real magnitud lo terrible que es afrontar una
guerra incluso victoriosa, le llegaría a encantar la presencia de "los
guerreros de la paz" (con Rambo y todo), en Bolivia.

ULTIMO CAPITULO: EL FUNDAMENTO POLITICO PARA LA OCUPACIÓN MILITAR DE LAS MINAS

La ocupación de las minas de los años anteriores y posteriores a 1967, debe encuadrársela en la Guerra Fría que abarcó el período de 1946, hasta la caída del Muro de Berlín en 1989,; fueron 43 años de guerra política, económica, social y militar desarrollada entre el sistema occidental y oriental (capitalismo versus comunismo)..Bolivia no podía sustraerse a esta pugna ideológica y política debido a su debilidad estructural en todo sentido; dependía de las dádivas de gobiernos e instituciones económicas extranjeras o de los mercados occidentales para poder sobrevivir como Estado. Debido a ello, la mentalidad de sus gobernantes estaba casi totalmente occidentalizada con el ingrediente de la masiva propaganda de la supuesta “libertad” del que se gozaba en las democracias occidentales; contrariamente, el comunismo era considerado como una total negación de las libertades humanas.   Esa lucha, primero ideológica, luego política y cuyo escenario fue Europa y Asia, se textendió a Latinoamérica. Una de sus expresiones fue la guerra de guerrillas iniciada primero en Cuba que fue ramificándose a casi todos los países de nuestro continente. Para frenar este avance “castro – comunista”, EE.UU. ,sostenidamente fue alentando el surgimiento de regímenes militares o convenciendo a los gobiernos democráticos, a una lucha directa o indirecta contra toda ideología de tinte marxista.  En el caso boliviano, el año 1957 y durante el gobierno del Doctor Hernán Siles Suazo, se suscribió un acuerdo, mediante el cual, militares de nuestro país comenzaron a recibir entrenamiento en el Canal de Panamá en tácticas y técnicas contrasubversivas. Claro está que el gobierno de entonces y el del Doctor Víctor Paz Estensoro que se declaraban “antiimperialistas”, no se percataban de la verdadera NATURALEZA de tal entrenamiento al que estaban siendo sometidos sus cadetes y oficiales. Este acuerdo dejó de tener vigencia a partir del año 1983.  
Dicho de otro modo, EE.UU. buscaba reemplazar la doctrina de la defensa militar del territorio boliviano contra otro Estado, con la doctrina de la seguridad interna. Así, los militares del ejército boliviano,fueron siendo adoctrinados en la creencia que toda manifestación contraria a los valores occidentales, debía ser combatido sañudamente. Este cambio de mentalidad doctrinaria indujo de manera también natural, a identificar como contrario a la preservación de la seguridad nacional, a aquellas convulsiones internas que proclamaran la instauración de un régimen socialista en Bolivia. Cuando el Alto Mando Militar decidió atacar las minas no solamente el año 1967, sino, antes y después, lo hizo con la sincera convicción que estaba cumpliendo con su deber patriótico y  con mayor razón en junio de 1967, al haber constatado fehacientemente que los mineros pretendían crear su frente guerrillero y simultáneamente apoyar con hombres, dinero y medicamentos, a la guerrilla de Ñancahuazú conformada en parte, por combatientes extranjeros. Prueba de aquella intención fue la de días precedentes a la Noche de San Juan, cuando los trabajadores de Siglo XX se reunieron en el interior de la mina y acordaron donar un día de sueldo a la causa del Che Guevara. Otra razón fundamental para este ataque y luego ocupación, fue que en los días precedentes, habían arribado al centro minero, delegaciones obreras del interior del país a la gran asamblea denominada “Ampliado Minero”, donde se irían a establecer estrategias de lucha, fundamentalmente para arrancar al gobierno la restitución salarial rebajados a un 50 por ciento y para formalizar  mecanismos de lucha contra el gobierno.


Se comprenderá entonces que las FF.AA. Bolivianas ingresaron a las minas para restaurar la autoridad estatal en ese territorio que a la sazón había sido declarado como “territorio libre”. Además, un paro o huelga en las minas estatales, era fatál para la economia a nivel nacional, por cuando, el Estado, tenía como única fuente de ingresos, a la producción minera.

Los instigadores a esta subversión eran los pocos dirigentes locales del PCB y POR, que actuaban como peces en el agua.

Por supuesto que un error político del gobierno y de paso totalmente injusto, fue la rebaja salarial del que fueron objeto los mineros y su abismal desproporción en las planillas de pago; así por ejemplo, un Director administrativo percibía un salario de 3000 mil dólares y un obrero, 600 bolivianos, o sea, 60 veces menos que aquella autoridad. (para obtener mayor información sobre este y otros datos, les sugiero leer el libro: “1967:San Juan, a sangre y fuego“).
En el lado militar, una vez recibida la orden de ocupación de las minas, pudo haber consistido en ocuparla  y no atacarla. Con esta táctica, el objetivo de “capturar dirigentes y neutralización de las actividades subversivas”, hubiera sido logrado, aunque tal táctica no hubiera garantizado que no produjeran algunas bajas.

 De cualquier manera, en última instancia, los enemigos de las FF.AA. no tendrían que culpar a éstas ,de las muertes producidas en esa época. Toda fuerza armada es tan sólo un brazo ejecutor de los deseos de sus gobernantes. En este caso, con la firma de ese acuerdo de carácter militar suscrito con EE.UU. en 1957, el propio Estado boliviano  – cuyo gobierno se ufanaba nada menos de ser “antiimperialista” – definió el perfil de sus FF.AA. como un brazo armado entrenado y equipado para combatir tendencias socialistas. Sin embargo, alguien podría refutar la anterior afirmación, arguyendo la aplicación unilateral o individual, del principio de “la obediencia debida”; es decir, a decidir individualmente a aquel oficial, si tal orden para atacar una población donde habitan niños, mujeres y ancianos, además de guerrilleros o gente armada que asecha para dar muerte a sus soldados, debe ser o no obedecida. A esto, debo responder que las órdenes no se discuten, sólo se acatan, por cuanto, no es atribución de cualquier comandante y de cualquier nivel, ponerse a analizar en pleno combate o minutos u horas antes, si lo que hace o hará es correcto o incorrecto. Se supone que esos análisis y sus consecuencias derivadas atañen al que dio la orden primaria; es decir, al Capitán General de las Fuerzas Armadas, o sea, al Presidente de la República.

Quien se postula a ser la máxima autoridad del Estado, se supone que está consciente de aceptar llevar sobre sus espaldas, toda la responsabilidad derivadas de sus decisiones, incuido el empleo de sus FF.AA. para el mantenimiento del control interno.

Son variados los factores que inducen a los militares a cumplir órdenes sin discutir y en el caso de la Noche de San Juan. Las decisiones adoptadas por los oficiales fue la fiel expresión de su entrenamiento antisubversivo recibido en Panamá y la decisión de enviar a este país a casi todas las promociones de egreso del Colegio Militar, fue responsabilidad  – reitero – del propio Estado boliviano y por supuesto también que la actuación militar dentro del territorio, emanó y emanarán en cualquier caso, de las leyes constitucionales que asignan a las FF.AA. – entre otras misiones – la defensa de la independencia nacional, de su territorio y del gobierno legalmente constituido. Precisamente, en cumplimiento de este rol constitucional, las FF.AA., en octubre del año 2003, intentaron y hasta donde pudieron, defender al gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada.  Por cumplir tal misión constitucional, algunos de sus miembros, actualmente vienen siendo juzgados en los tribunales y su Capitán General huyó a EE.UU.
Las FF.AA., cuando son ordenadas para mantener el orden interno, salen a las calles con FUSILES que matan; sus poseedores – los soldados –  durante un año son instruidos para  hacer uso de ellos y sus comandantes,son profesionales forjados en la estricta disciplina militar. Su entrenamiento académico no da lugar a discriminar ambientes operativos donde se les permita cuestionar órdenes superiores.  Si aquellos militares que actualmente son juzgados, fueran encontrados culpables y encarcelados por las muertes producidas en la Guerra del Gas, los sucesivos gobiernos tendrán que hacer uso de paramilitares  para resguardar su régimen, ya que ningún militar de ningún grado querrá obedecer órdenes de sus superiores y eso, es ciertamente muy grave, demasiado grave para cualquier ejército y por tanto, para la defensa y seguridad nacionales,no solamente interna, sino y esto es lo peor, para los fines de una guerra convencional. Confiar las armas a un ejército indisciplinado, sería como dotar de armas a mercenarios o a delincuentes, quienes, sin valores nobles  que impulsen sus acciones, huirían ante los primeros disparos. Dicho esto y para finalizar, formulo las siguientes interrogantes a manera de reflexión: ¿Quién o quienes fueron los verdaderos responsables de las muertes acaecidas (tanto de civiles como de militares y policías), el 24 de junio de 1967?      ¿Existen antecedentes acerca de casos donde comandantes tomaron decisiones en el marco de “la obediencia debida”; es decir, a desobedecer cierta orden recibida?  De ser así, ¿Cuáles fueron las consecuencias individuales y/o institucionales de esa su insubordinación?
Finalmente, los profanos a la profesión militar, deberían comprender, digerir que, uno de los principios que rige  conducta del militar, es: LAS ÓRDENES SE CUMPLEN, NO SE DISCUTEN.
A no ser que se tratara de una orden descabellada, como por ejemplo, el de asesinar inocentes, a sabiendas que no se encuentran armadas. Al respecto, muchas veces, aquél enemigo que ataca a una unidad militar, se mimetiza en una turba y efectúa desde allí, sus disparos y no puede esperarse que la totalidad de esos soldados atacados, mantengan su serenidad suficiente como para permitirles identificar al tirador atacante. Generalmente , cuando un camarada cae herido o es muerto, encontrados sentimientos se apoderan del resto y en esta situación, es muy difícil para el oficial comandante, controlar a su tropa, ya que, una parte de ellos dispararán por instinto de conservación, otros lo harán por venganza y muy pocos analizarán friamente la situación . Más muertos y heridos se producirán cuando para la tropa empleada, sea su primera experiencia de combate y peor será, si esa tropa está insuficientemente instruida.

Por tantísimas experiencias pasadas en distintas épocas en nuestro convulsionado país, el que escribe estas líneas, cuando recibía la órden de salir a las calles para  desbaratar concentraciones urbanas contrarias al gobierno, solía preferir a la persuación psicólogica para desbandarlos. Uno de esos casos ocurrió el año 1981 en Cochabamba, cuando al mando de una Compañía recibí la orden de ingresar a la plaza principal por la calle Baptista. Al llegar a la esquina de la plaza, lo que hice, fue activar el sonido de sirena de mi megáfono, cuyo sonido era semejante al de una ambulancia, luego mi persona efectuó algunos disparos al aire y esos ruidos fueron suficientes para dejar la plaza limpia de gente. Por otro lado, para evitar que mis soldados hicieran fuego sin orden o dispararan instintivamente por miedo, en mi cuartel dispuse que el último cartucho de guerra de su cargador, lo acomodaran al revés, de modo que le fuera imposible al soldado introducirlo al interior de la recámara de su fusil. Además, para estos casos, mi estafeta cargaba un garrote y no era precisamente para garrotear a los manifestantes, sino, a aquél soldado que desobedeciendo mi orden, efectuara cualquier disparo reacomodando el cartucho de su cargador en la posicion correcta. La idea de llevar también un garrote, surgió de un caso similar sucedido en la misma plaza, cuando uno de mis soldados, a pesar que la turba había abandonado la plaza al escuchar el aullar de mi sirena y los disparos de mi fusil,  le disparó a un canillita  (lustrador de calzados), que se  quedó escondido detrás de un arbol. Por fortuna, el disparo no le alcanzó.  Tanta fue mi furia contra el soldado que me di modos para arrancar una rama y lo revolqué a garrotazos. Desde entonces, una de las normas para mi Compañía era la de cargar el último cartucho de su cargador al revés y de paso, observar mi garrote con mucha atención.
En caso de recibir fuego, mi orden era: “recargar el cartucho” y llevaba la orden implícita de disparar solamente sobre blancos claramente identificados. Afortunadamente nunca dispararon sobre mi tropa.

Las operaciones militares

 

La síntesis de las operaciones militares emprendidas en Catavi, Llallagua y Siglo XX y que hoy por hoy tienen tan sólo un valor histórico, fueron las siguientes:

 

El Comando de la Segunda División empleó tres compañías de maniobra, una de apoyo y otra de servicios. Estas unidades, a media noche del 23 de junio de 1967 fueron transportadas por tren desde Oruro hasta la estación de Cancañiri. En este punto desembarcó la Primera Compañía con la misión de avanzar por la dirección: Cancañiri – El Cuadro – Plaza principal de Siglo XX, con la misión de capturar el edificio del Sindicato Minero donde funcionaba la radio "Minera Siglo XX.

 

La Segunda Compañía de Maniobra más la Compañía de Apoyo, desembarcaron en el túnel del cerro El Calvario, con la misión de controlar todo movimiento en la población de LLallagua.

La Tercera Compañía como reserva, prosiguió su viaje hasta Uncía, de donde una Sección se desplazó hasta Catavi (a la altura de La Tranca), para aislarla de Siglo XX y LLallagua; entretanto, una escuadra al mando de un oficial se dirigió hacia la radio "21 de Diciembre" de esta población para silenciar sus emisiones.

 

En su avance, la Primera Compañía, al pasar por la estación eléctrica de El Cuadro, recibió fuego de una ametralladora desde una altura ubicada en el campamento La Salvadora; uno de sus sirvientes fue dado de baja y otro elemento huyó; en estas circunstancias, una explosión de dinamita derribó uno de los postes de energía eléctrica cuando algunos  soldados avanzaban por este punto. Superado este obstáculo, la Compañía con dos Secciones progresó hacia el Sindicato Minero y la Tercera Sección se dislocó delante de Las Cinco Casas, punto crítico que permitía el control de un amplio frente  hacia La Salvadora, a una parte de la población civil de LLallagua y las afueras de Siglo XX.

 

Las Secciones que se dirigieron hacia el Sindicato Minero recibieron fuego del interior del edificio. Un minero que se encontraba en el ambiente que da acceso hacia la sirena y que hasta ese momento aullaba ininterrumpidamente alertando a la población sobre el ataque, lanzó una ráfaga de fuego con una carabina M – 2 en el instante en que la puerta fue abierta violentamente; empero, el soldado que abrió la puerta se tendió al piso y disparó sobre el minero dándolo de baja. Fue esta, la única resistencia de consideración ejercida por los mineros en este punto, aunque cabe destacar la valiente afrenta que recibieron los soldados por un grupo de mujeres, entre ellas, la señora Domitila Chungara quien, junto a otras, fue apresada y evacuadas posteriormente a la ciudad de  La Paz.

 

La Sección que se dislocó a la altura de Las Cinco Casas recibió fuego desde una considerable distancia, los disparos provenían de la derecha del cerro de El Calvario y también por breves minutos, de las propias tropas dislocadas sore este cerro, hasta que ambas unidades se percataron que se disparaban mutuamente.

 

La Compañía dislocada en el Calvario casi no recibió hostigamiento, salvo de una persona que pretendió subir al cerro armado de una escopeta o quizás de un rifle.  

 

La Escuadra que se dirigió a Catavi, ocupó la radio sin resistencia alguna, unas horas después  fue rodeada por una turba. Su comandante, a fin de evitar una sangría innecesaria decidió retirarse apresuradamente perseguidos por la turba que amenazaba con lincharlos; para fortuna de esta pequeña unidad, a la altura de las canchas de tenis apareció en su auxilio  la Compañía de Reserva  que arribó desde Uncía ; ambas unidades se replegaron hasta el Puesto Militar de La Granja ubicada dentro de la propia población de Catavi.

 

No se produjo ninguna baja en Catavi, sin embargo, las radioemisoras del interior del país informaban que hubieron muchos muertos en la jornada del 24; empero, se pudo advertir esta falacia en la salida de Catavi,  ya que por este punto ningún cortejo fúnebre se dirigió hacia el cementerio general de Llallagua.

 

La misión principal de la Segunda División de la cual eran orgánicas las Compañías señaladas más arriba, era la de capturar a los principales dirigentes mineros.

 

Empero, el secreto de la operación fue develado por algún elemento infiltrado en el Comando de la Segunda División que dio este aviso a la esposa del dirigente minero René Chacón que a la sazón, era uno de los informantes del Ejército (como consta en los documentos militares de esa época). Esta delación fue confirmada días más tarde por Marcial Mancilla Torres, locutor de la Radio Pio XII de Siglo XX,  acotando sobre el envío de un lote de medicamentos por los mineros,  a la guerrilla de Ñancahuazú.

  

Perdida la sorpresa, la Segunda División no pudo capturar a los principales dirigentes cuando  éstos estuvieran reunidos en el frontis del edificio del Sindicato de Siglo XX, al calor de la fogata de la noche del 23 de junio. En efecto, algunos dirigentes apresuradamente retiraron la leña y bebidas acumuladas sin brindar ninguna explicación y menos advertir a la población del inminente ataque militar en las próximas horas.

 

Tampoco las unidades militares pudieron cumplir su propósito de requisar las armas y municiones de muchos mineros, pues, en los subsiguientes días al 24 de junio, no encontraron nada en las viviendas porque sus poseedores con muy buen tino, los escondieron en el fondo de las letrinas de los baños públicos que se encuentran instalados en los distintos barrios o campamentos.

 

Bajas

 

I.- Bajas militares.

 

 CLASIFICACION

NOMBRE Y APELLIDOS

 

UNIDAD

 

MUERTOS

1.-  Sldo.  Aniceto Inocente Mina

2.-  Sldo.  Tomás Quispe

Reg. Méndez Arcos

                

 

 

 

HERIDOS

1.-  Sof. Víctor Arce Azurduy

2.-  Sldo. Serafín Loma Poveda

3.-  Sldo. Florentino Zárate

4.-  Sldo.  Ezequiel Gonzáles Guarachi

5.-  Sldo. Cleto Apaza Chuquimia

6.-  Sldo. Nazario Pérez Téllez

7.-  Sldo. Carlos Ortega Zeballos

Reg. Méndez Arcos

          

        

        

        

         

         

 

II.-  Bajas de carabineros.

 

CLASIFICACION

 

NOMBRE Y APELLIDOS

MUERTOS

1.-  Tte. Gabriel Sequeiros

 

 

HERIDOS

1.-  Pol. Inocencio Mendoza Choque

2.-  Rufino Acuña Zapata

3.-  Evaristo Plata Ramírez

4.-  Manuel Calizaza Julio

 

III.-  Bajas civiles.

 

CLASIFICACION

NOMBRE Y APELLIDOS

SITUACIÒN

 

 

 

 

 

MUERTOS

 

1.-  Nicanor Torres Barroso

2.-  Isaac Cazorla

3.-  Avelino Laime   

4.-  Maximiliano Acho

5.-  Sabino Veliz.

6.-  Víctor Candia.

7.-  Eloy Quiroga.

8.-  Cupertino Caballero.

9.- Rosendo García Maisman

10.- Bernabé Condori      

11.- Ponciano Mamani        

12.- Alejandro Mamani 

Minero

   

   

   

   

   

   

   

Dirigente minero

¿       ?

Indigente

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HERIDOS

1.-  Juan Meneses Terrazas

2.-  Sinforiano Montaño G.

3.-  Filiberto Olmos tito

4.-  Leopoldo Villca Choque

5.-  Máximo Gordillo Iriarte

6.-  Saturnino Condori

7.-  Victoriano Candia

8.-  Zenón Colque M.

9.-  José Espinoza Ortiz

10.- Simón Martínez Soto

11.- Pedro Linares Viejos

12.- Gerardo Carvajal Gómez

13.- Miguel Orellana Barrios

14.- Elio Quiroga Guarachi

15.- Víctor Zambrana Barrancos

16.- Sabino Veliz del Pozo

17.- José Laime Madani

18.- Erasmo Veramendi Montaño

19.- Pedro Antezana Panozo

20.- Pascual Acero Chiri

21.- Bonifacio Condori

22.- David Baptista Cayoja

23.- Irene Camacho

24.- Julieta Rojas

25.- Damiana Condori

26.- Macaria Flores

27.- Agustín Condori Saruca

28.- Elías Gómez Martínez

29.- Cándido Villca Apaza

30.- Carlos Calamani Pay

32.- Elena Limache

33.- Leonor Soria

34.- Francisca  Solís

35.- Adela Guzmán  

Minero

       

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

       

      

FAMILIAR

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

 

Un informe militar elevado dio la versión que, para dar la impresión ante la opinión pública que los muertos de civiles fueron mayores, los cadáveres fueron nuevamente retirados del hospital de Catavi y que, durante el entierro de las víctimas, se observaron ataúdes vacíos

 

 Prisioneros.

 

Los mineros capturados y evacuados a la ciudad de La Paz, fueron: Waldo Tarqui, Domitila Chungara e hija, Filemón Escóbar, René Chungara, Pastor Rocha, Rodolfo Ninavía, René Olivares, Amadeo Vargas, Oscar Salas, Juan Arce, Pacífico Medina, Víctor Navarro, Cesar Alandia, Fructuoso Moreira, Pastor Rocha Miguel Jiménez, Félix Daza, Alberto Jara, Constancio Apaza, Jorge Echazú, Humberto Robles, Víctor Reynaga, Justiniano Ninavia, Amadeo Vargas, Casiano Amurrio y Demetrio Tarqui, Isaac Camacho, René Chacón (informante del ejército) y Renterías.

 

Posteriormente fueron transportados a los campos de concentración de las selvas del Beni.

 

EL FUNDAMENTO POLITICO PARA LA OCUPACIÓN MILITAR DE LAS MINAS


(Nota. Por favor leer este párrafo, en la siguiente entrada)

 

 

 

 

 

LA INVESTIGACIÓN REALIZADA A POSTERIORI

LA INVESTIGACIÓN REALIZADA A POSTERIORI

 El año 2004 y con motivo de la elaboración de mi tesis titulada: "La lucha en la retaguardia de Ñancahuazú", a objeto de ser admitido como Académico de Número en la Academia Boliviana de Historia Militar, abordé una investigación de todo lo concerniente a la organización subversiva para el montaje del aparato guerrillero del Che Guevara; uno de los factores insoslayables fue el de  analizar  los pormenores de  la ocupación militar de las minas estatales en ese período. El siguiente fue el resultado.

 Breves antecedentes.

Para la ocupación militar de las minas se fueron configurando una serie de hechos insurreccionales, planificados y ejecutados por dirigentes de izquierda de este centro minero que en principio actuaban moderadamente y con el correr del tiempo endurecieron su posición ideológica debido a la influencia ejercida por Simón Reyes, Isaac Camacho, René Anzoleaga, Fidel Aróstegui, Julio Renterías, Rosendo García Maísman y otros.

Estos y otros dirigentes mineros, la mayoría militantes del PCB, sin conocer que los máximos líderes de este Partido no tenían intención alguna de apoyar a las guerrillas en ningún sentido, excepto en el “plano moral”, hacían esfuerzos por subvertir a los mineros incitándolos  a la lucha armada en sus propios distritos, además de recolectar dinero para la adquisición de vestuario, alimentos y medicinas y enviarlos a la zona de operaciones. Para estos propósitos, a partir del mes de marzo de 1967 , en  sus asambleas realizadas en la Plaza del Minero de Siglo XX y en otras ocasiones, en el nivel 111 de interior mina, comenzaron a mostrarse más agresivos al gobierno del General René Barrientos Ortuño.  Estas manifestaciones de subversión fueron grabadas por el Servicio de Inteligencia del Batallón V de Ingenieros.

En el mes de mayo de 1967, los centros mineros incluido Huanuni fueron declarados territorios libres. Los dirigentes que oficializaron tal declaratoria en una gran asamblea realizada el 8 de junio, fueron: René Chacón, Isaac Camacho, Juan Arce, Simón Reyes, entre otros.

Cabe hacer notar y remitiéndome siempre a los archivos militares, que el dirigente minero René Chacón, era un informante del Ejército.

La culminación de esta ratificación fue acordada como consecuencia del fracaso de ingreso violento a Oruro y que fuera impedido por las fuerzas legales cuando la columna minera se encontraba a la altura de Sora Sora. La declaratoria formal de  territorios  libres debía realizarse en Oruro, donde esperaban engrosar sus fuerzas con grupos de estudiantes de secundaria, universitarios y mineros de San José. Su objetivo era el de derrocar el gobierno para instaurar en su lugar un gobierno de tendencia socialista. Sus actividades eran dadas a conocer por la radio “21 de Diciembre” de Catavi y Radio La Voz del Minero de Siglo XX, incitando a la población minera a sumarse al movimiento.

El grito revolucionario de la organización guerrillera minera era: ¡Viva las guerrillas patrióticas! ¡Gloria a Julio Velasco el guerrillero mártir”.

A propósito de Julio Velasco Montaño (Pepe), éste era uno de los integrantes de la guerrilla del Che Guevara que operaba desde el mes diciembre del año 1966 en la zona de Ñancahuazú. Pepe  era parte de  la " Resaca”, mote despectivo aludido por El Che Guevara a quienes los consideraba como inservibles para el combate. Pepe, que fuera reclutado con engaños en la ciudad de La Paz,  desertó el 2 de junio del grupo de Joaquín y se entregó a la Compañía CIOS. Una orden superior dispuso que se lo fusilara.

Parte de los actos subversivos desarrollados en las minas estatales, fueron los siguientes:

6 de marzo del año 1967. En Caracoles, los mineros notificaron a la administración de esta empresa indicando que  tomarían el control de la radio emisora y de los medios de transporte, también amenazaron que tomarían como rehenes al personal administrativo  hasta no ser liberados los dirigentes Salas, Moya y Terrazas. Dos días más tarde, en la mina de San José de Oruro, el dirigente Waldo Tarqui incitaba a la realización de huelgas, de mineros, maestros y estudiantes y exigía la  restitución de los salarios rebajados por el gobierno. el año anterior.

El 17 de abril, los trabajadores de este distrito amenazaban con marchar a La Paz si en el término de 48 horas la empresa no recontrataba a los trabajadores despedidos y pedían también la entrega de la administración minera a los trabajadores. Entretanto ,en Huanuni se convocaba a la subversión armada mediante panfletos y pedían apoyo a la guerrilla de Ñancahuazú.

Los libretos subversivos difundidos por las radio emisoras mineras eran también elaboradas por  la Universidad Técnica de Oruro , además contaban con granadas caseras fabricadas a base de dinamita y latas de conservas. Algunos dirigentes universitarios de la ciudad de Oruro se ofrecieron apoyar económicamente a la guerrilla de Ñancahuazú.

El derrocamiento del gobierno debía efectuárselo con la participación de los Partidos de: PCB, POR, PRIN , MNR y dirigentes universitarios de Oruro y La Paz. Se acordó descontar a los trabajadores mineros la suma de 10 bolivianos para la adquisición de armamento.

El epicentro de la subversión era el distrito de Siglo XX donde desde la segunda semana de marzo, los mineros decidieron decretar un paro general y ampliarlo al resto de los centros de trabajo. Los responsables de la organización armada eran: los dirigentes: René Chacón, Isaac Camacho, Julio Renterías, Porfirio Lineo, los hermanos Lora, René Anzoleaga, Doroteo Alegría, René Orihuela, Vidal Sánchez, Víctor Chacón, Cirilo Valle, Simón Reyes, Sacarías Gutiérrez, Leónidas Vargas, jorge Velarde, Víctor Mancilla, René Terán  y Pedro Terán.

El 14 de junio los mineros de Siglo y XX y Catavi declararon territorios libres a sus distritos y los de Huanuni acordaron realizar el descuento por planillas la suma de 5 bolivianos para la adquisición de material de sanidad y víveres, con destino a los guerrilleros que combatían al Ejército, en el sudeste del país y otros 5 bolivianos para ser enviados a los confinados políticos.

El 20 de junio se llevó a cabo una Asamblea en el Nivel 411 de Siglo XX donde acordaron desconocer la autoridad gubernamental y reunir abastecimientos para enviarlos a la zona guerrillera. En esta oportunidad fueron expulsados del centro minero previa fuerte paliza, los mineros que habían viajado a la ciudad de La Paz a felicitar al Presidente Barrientos en ocasión de su onomástico.

Algunas esposas mineras también se sumaron a la propaganda subversiva. Se presentó el caso de la señora Delia de Caballero residente en Siglo XX, cuando el 24 de junio obligó  a su esposo usar su arma con la que efectuó disparos y fue dado de baja por la unidad que operaba en los alrededores de la Plaza del Minero.

El 24 de junio, el Regimiento “Max Toledo” que ocupó la mina de Huanuni, informó que un grupo de veinte mineros de Huanuni asistió al curso de Guerra de Guerrillas dictada en Catavi y Siglo XX más unos doscientos rovenientes de Catavi y Siglo XX y que según el párroco de Huanuni, los mineros de esta localidad contaban con 40 a 50 fusiles con muy poca munición.

El frustrado ataque a instalaciones militares.

Entre los meses de marzo y abril de 1967, militantes del POR y PCB pequinés, olvidándose de sus diferencias ideológicas acordaron organizar las guerrillas en la zona minera. Para ello contaban con 17 fusiles Mauser, 6 fusiles M-1 y cierta cantidad de granadas caseras, dinamita y artificios de lanzamiento, fabricados clandestinamente en la Maestranza de Miraflores y escondidos en el nivel 70 de la mina de Siglo XX. Isaac Camacho tenía en su poder dos pistolas y dos pistolas ametralladoras, según informó Waldo Sandoval. El armamento era traído desde la ciudad de La Paz escondido en saquillos de víveres. Filemón Escobar disponía de una radio trans – receptora  escondida bajo el piso de su dormitorio.

Según las declaraciones vertidas en cinta magnetofónica y las escritas por el minero Waldo Sandoval y Roberto Ferrel, se supo de la existencia de un plan de captura de la unidad militar acantonada en Miraflores que ese año venía conrstruyendo un puente vehicular  en el río Lawa Lawa, sobre el camino Uncía – Sica Sica. Para este propósito fueron reclutados alrededor de 20 desocupados y luego entrenados en el Nivel 70 de la mina de Siglo XX. Los instructores en las materias militares eran: Oscar Gutiérrez, Emilio Cavaría, Ricardo Madani, Julio Puente, Juan Aguilar, Juan Mondocorre, René Anzoleada e Isaac Camacho. Las materias que se impartían eran: Adoctrinamiento Político, Terrorismo, Combate en Localidades y Tiro. Las clases eran dictadas en la calle Omiste No. 9 de Llallagua, el cerro Colorado de Uncía y en el interior de la mina de Siglo XX; todos contaban con manuales de guerrillas. La instrucción de tiro lo realizaban en el interior de la mina en el nivel 70. Además de los fusiles Mauser, disponían también de fusiles M- 1, pistolas ametralladoras de diferentes tipos y carabinas M – 1.

Las granadas de mano caseras fueron diseñadas para arrojarlas mediante ondas y también desde morteros rudimentarios fabricados en la maestranza de Miraflores, por Antonio Antequera, de filiación porista.

Por las declaraciones efectuadas por Guillermo Soto Sasari, nombrado como Jefe de las Milicias del Block 7 de la Empresa Minera de Catavi y del propio René Chacón, se llegó a establecer que se encontraban en plena fase de organización las milicias armadas en el campamento minero de Catavi. La organización estaba a cargo de René Chacón. Por su parte, Isaac Camacho, dirigente del POR,  reafirmaba su decisión de transformar los sindicatos, en sindicatos revolucionarios, con la finalidad última de instaurar la Dictadura del Proletariado.

Isaac Camacho que siempre vestía una chamarra de cuero color café, era mi vecino; su domicilio se encontraba a una cuadra de la mia, en la calle Arce. No puedo precisar si este joven dirigente  e hijo único además, fue capturado el 24 de junio de 1967. De lo que estoy seguro es que dos años antes, cuando también se produjo una de las varias ocupaciones militares de esta región minera, su barrio fue rodeado por tropas militares.

Prosigamos.

Se tenía previsto cancelar sumas mensuales a los reclutados; mientras fueran instruidos, recibirían 850 Bs y como combatientes ,la suma 3 mil Bs.; los casados tendrían un emolumento de 10 mil Bs. .

Su objetivo era  contar con personal entrenado para ser enviado a la zona de Ñancahuazú y para operar en su propio distrito.

Hasta el mes de junio disponían de 90 hombres entrenados, entre estos, ex soldados del Regimiento “Colorados”, “Max Toledo” y “Ranger” de Challapata.

Elaboraron el croquis del cuartel de Miraflores y establecieron medidas de coordinación y control para su ataque. Los directos responsables en este planeamiento fueron: Isaac Camacho, René Chacón, Porfirio Lineo, Jaime Lineo, Guillermo Lora, Miguel Lora, Fidel Aróstegui, Pastor Gutiérrez, Víctor Sossa y René Anzoleaga, este último como teórico.

La operación debía ejecutarse el 12 de mayo en horas de la madrugada; pero, fue develada por la intercepción de un mensaje que llevaba consigo una niñita y corroborada por un minero ebrio que intentó agredir al comandante de esta unidad. El asalto al cuartel debían conducirlo  Isaac Camacho, Porfirio Irineo, los hermanos Lora, Pastor Gutiérrez, además de otros, todos ellos militantes del Partido Obrero Revolucionario. Las armas serían proporcionadas por Isaac Camacho. El ataque consistía en primera instancia eliminando a los centinelas, despojarlos de sus uniformes e ingresar a los alojamientos de los oficiales  para ultimarlos. Toda la instalación sería destruida con dinamitas colocadas en su interior. El minero Waldo Sandoval, en sus declaraciones delató la complicidad del Cabo Ferrel. Acotó que la toma del cuartel estaba previsto realizarlo inicialmente el 3 de abril con 60 mineros y frustrada la misma, se lo postergó para el 12 de mayo y finalmente abortó el 24 de junio.

El Cabo Ferrel, que decidió traicionar a su batallón, declaró haber reunido al personal de la guardia y Comandantes de Escuadra, a objeto de comprometerlos en el amotinamiento de todos los soldados, la madrugada del 20 de junio. El Comandante del Batallón de Ingenieros informó que la toma de su cuartel debía efectuárselo la Noche de San Juan (en la madrugada del 24 de junio), aprovechando que su personal de Cuadros – según los atacantes – se encontrarían ebrios. La operación fue abortada por la denuncia  del soldado Miranda. Waldo Sandoval sindicó al Cabo Ferrel de ofrecerle en venta una pistola calibre 45 mm., posteriormente y por su intermedio, vendió a Isaac Camacho dos granadas lacrimógenas, esto ocurrió en el mes de marzo pasado.

La misión personal de Sandoval consistía en instalar todo el sistema de detonante alrededor del cuartel y aen recompensa, recibiría de Isaac Camacho la suma de 550 Bs. mensuales.

La mayor parte de estas informaciones vertidas por Sandoval fueron corroboradas por el minero Crecencio Toaca, quien acotó  que por su participación recibía emolumentos mensuales de 400 bolivianos y en ocasiones recibía hasta de 600 bolivianos de manos de Isaac Camacho. Los pagos más altos estaban restringidos sólo a los que tenían “mayor cultura”. Implicó también a Filemón Escobar como instigador del ataque; aclaró que estos últimos viajaban a  La Paz para recibir estas remesas de pago que oscilaban entre diez mil a veintidós mil bolivianos mensuales.

Quienes también recibían estas cancelaciones eran: Oscar Gutiérrez, Juan Aguilar, Tomás Medina, Emilio Cavaría, Rosendo Madani, Julio Puente, Ricardo Madani, Cesar Mondocorre, Juan Chávez y otros; el armamento debía ser traído desde la ciudad de  La Paz,  consistente en 20 fusiles mauser y 10 pistolas. La misión personal de  Crecencio Toaca era  dinamitar la jaula No. 545 del Socavón Patiño y el tanque de gasolina de Miraflores; la de Filemón Escobar era destruir los tanques de gasolina y de petróleo de Catavi; a su turno, Isaac Camacho destruiría las compresoras de aire de Siglo XX y tomar presos a los personeros de COMIBOL.

Para capturar el Puesto Militar LA GRANJA de Catavi debían formar una línea de dinamiteros protegidos en sus flancos por fusileros. Los dinamiteros debían acercase hasta una distancia de 50 metros de los muros y desde allí arrojar sus petardos al interior del cuartel. Previo al ataque, se cortarían las comunicaciones alámbricas y neutralizarían las antenas de la radio militar

Capturado el Puesto Militar, debían apoderarse del armamento, munición, equipo, vestuario para inmediatamente trasladarse hacia Lagunillas y capturar este campamento; continuar su ataque sobre el campamento No. 2 de Chiquiuta y posteriormente tomar el Puesto Comando del Batallón que se encontraba en Río Colorado. Con el material bélico capturado, tenían previsto organizarse en dos grupos y desplazarse hacia Oruro para atacar a las unidades militares acantonadas en esta ciudad, mientras el otro grupo se dirigiría a Challapata para aferrar al RI.24.

A propósito del Puesto Militar de Catavi, el año 1980 fue violentamente atacado y capturado donde cayeron prisioneros un sargento y su familia además de todo el equipo de Policía Militar que no pudo ser evacuado por la Sección que estuvo al mando del inexperto  Subteniente Wilson Arias que se vio obligado a retirarse con sus hombres, al habérsele agotado su munición  por disparar a tontas y ciegas en la oscuridad.

La gota que colmó el vaso para decidir al Alto Mando la ocupación militar de las minas el 24 de junio de 1967, fue el radiograma expedido por el Comandante del Batallón de Ingenieros  que construía el puente sobre el río Lawa Lawa sobre la carretera Uncía – Sucre, mediante el cual informaba del inminente ataque a su campamento la noche del 23 de junio. Otro factor que influyó en tan gravísima decisión, fue el hecho  que en el en el mes de mayo fueron capturados en Camiri cuatro mineros quienes intentaban  enrolarse  en la guerrilla del Che Guevara. Con estos hechos, aparentemente ligados a un comando único de organización y conducción de la guerrilla altiplánica y selvática, no quepó duda alguna para que el Comando de las FF.AA. ordenara desarticular la subversión minera.

Los militares no sabían que sus preocupaciones eran exageradas, ya que ninguno de los Partidos Políticos de Izquierda estaban interesados en integrarse a ninguna de las dos guerrillas; al contrario, especialmente el PCB amenazaba con expulsar de su seno a todo aquél que pretendiese sumarse a la lucha guerrillera del Che Guevara.  El troskysmo tampoco aprobaba este método de lucha a no ser que se subordinara a otros métodos tradicionales; su intensión en este caso – al organizar y conducir el ataque a las unidades militares de su distrito – no era otro que darle mayor vigor al proceso revolucionario de todo el país, que según esta corriente marxista, venía evolucionando favorablemente como para instaurar en cualquier momento su tan decantada "Dictadura del Proletariado".       

 

(Nota. En la siguiente entrada continuará relatándose el subtítulo de:"Las operaciones militares").

MI TESTIMONIO SOBRE LA NOCHE DE SAN JUAN

                                        MI TESTIMONIO SOBRE LA NOCHE DE SAN JUAN

En este mi espacio y a lo largo del tiempo abordaré  variados temas de orden político, militar, social, económico, cultural y misceláneas; por ejemplo temas sobre deportes, salud, amor y otros. Ahora bien, aperturo (hoy 11 de julio de 2007), mis aportes para la lectura de mis amigos y amigas que visiten este sitio, poniendo a su disposición este  Ensayo titulado: “Mi testimonio sobre la noche de San Juan”. Con esto, rindo mi homenaje a esa región minera que sufrió tanto, en décadas pasadas.

 

Este Ensayo tiene el siguiente sumario:

 

– Lo que mis ojos vieron.

– La investigación realizada a posteriori.

– El fundamento político de la ocupación militar de las minas

(Para leer el siguiente capítulo, debes recorrer esta página hasta el final donde encontrarás el título correspondiente al mismo y haciendo click sobre el, se abrirá su contenido)

 

LO QUE MIS OJOS VIERON

 

Ese año (1967), mi persona era todavía un niño y sin embargo, lo que mis ojos vieron el 24 de junio de 1967, jamás podré olvidar; lo tengo presente como si ese drama hubiera sucedido días atrás.

La noche anterior – 23 de junio – Llallagua y Siglo XX  se encontraban iluminadas con las fogatas barriales. Al otro día  de madrugada me despertaron fuertes ruidos algo esporádicos que después supe eran disparos de armas. No le di importancia y me volví a dormir hasta que una de mis hermanas mayores me despertó para mostrarme a través de la ventana a un grupo de soldados  tendidos delante de Las Cinco Casas, que así se los conoce hasta hoy a esas casas gemelas ubicadas entre Siglo XX y el  campamento La Salvadora. La que fue mi casa se encuentra localizada en Llallagua, en la calle Arce, precisamente frente al barrio de Las Cinco Casas , separados ambos barrios, por el denominado río Seco.  

Visto desde mi ventana se nos antojaba que esos soldados disparaban con dirección nuestra. Pero eso no era todo. Por la ventana opuesta notamos que desde el cerro El Calvario también disparan haia nosotros. Era evidente que todo mi barrio se encontraba entre dos fuegos. Años más tarde, concretamente en 1984, cuando ostentaba el grado de teniente supe que  esos soldados  y por espacio de unos quince minutos se disparaban entre si, al no poder reconocerse debido a la gran distancia  que los separaba, hasta que el comandante de la Sección dislocada en Las Cinco Casas se percató que disponía de una radio para comunicarse e identificarse, con el comandante de la tropa de El Calvario. Lo anecdótico fue que este teniente (Pérez) era del Arma de Comunicaciones y a pesar de contar con esta especialidad, esta su primera experiencia “de combate” no le permitió discernir su situación y debido a ello, recibió una lluvia de proyectiles antes de poner en funcionamiento su aparato de radio.En ese corto tiempo, una ráfaga proveniente de El Calvario penetró por una de las dos puertas del piso superior de mi casa  donde se encontraban los dormitorios de toda mi familia. Mi hermanita menor de dos años sintió un leve dolor en su brazo por el roce de un proyectil que se incrustó en la pared. Inmediatamente mi padre nos bajó a la planta baja y luego se puso a cubrir las ventanas y puertas  que daban frente al cerro, con colchones de lana.

Alguien comentó que había una persona muerta en la casa vecina y corrimos a ver. Efectivamente, un niñita de unos cinco años que jugaba en el interior fue alcanzada en su corazón, por un proyectil proveniente de El Calvario. La niña, herida de muerte corrió a los brazos de su madre. Serían las 9 de la mañana y desde una de las ventanas de la planta baja vimos a un campesino que transitaba por el “Río Seco” (río que separa a Siglo XX de LLallagua), trataba desesperadamente de evitar que sus intestinos se desparramaran por el efecto de un proyectil que seguramente le abrió su estómago.

 Cerca a media mañana nos anoticiamos que una señora había sido hecha pedazos por la explosión de una granada de mortero. Curioso como todo niño, me escabullí del control de mis padres y corrí calle abajo (calle Arce) y vi parte de la carne de la señora salpicada en la pared de su casa; sus vecinos comentaron que se enontraba embarazada. Sucedió que ella se encontraba sentada en la acera de su casa calentándose al sol y justó allí cayó la granada. Durante muchos años permaneció la huella del hueco formado por esa explosión como mudo testigo de su horrenda muerte.

 Poco antes de almorzar recibimos otra infausta  noticia proveniente esta vez de la calle 10 de Noviembre, que es paralela a la mía y nuevamente corrí a ver. Fue el turno de un adolescente que al momento de salir de su casa un disparo proveniente de Las Cinco Casas lo hirió de muerte; lo ví tendido en la calle rodeado de sus vecinos que no atinaban a nada para socorrerlo; me aproximé a verlo de muy cerca y noté que sus ojos vidriosos expresaban un intenso sufrimiento.

 En esa mi corta edad y por tanto incapacitado para comprender el peligro de muerte que rondaba por doquier, tenía el vehemente deseo de observar a los soldados en plena acción y me acoplé a un grupo de cuatro muchachos mayores que se dirigían al cerro El Calvario; nuestro propósito fue el de intercambiar vainas, por cigarrillos. Llegamos hasta casi alcanzar la parte más alta del cerro y los soldados sonrientes accedieron trocar las vainas expulsadas de su fusiles Garand a cambio de cigarrillos “Kuyunas”. En pleno “negocio”,  de la cúspide apareció la figura de un teniente rubio, alto y de bigotes; estaba vestido con su uniforme de jerga y gorra ploma. Nos gritó algo así como: “ya chicos, váyanse a sus casas antes que alguien los mate”. Ante tan tajante orden, los cinco volvimos sobre nuestros pasos; pero, al minuto me aparté de ellos y nuevamente subí al cerro  por otra senda donde encontré a otros soldados atrincherados con frente a Catavi; en ese ínterin, uno de ellos  señaló el perfil de una esquelética figura negra con sombrero y armado de una escopeta o rifle;  a la carrera se aproximaba al pie del cerro. En el acto los soldados practicaron tiro al blanco sobre esa delgada humanidad que se protegió por unos minutos detrás de un montículo formado de piedras; el solitario atacante no tuvo más remedio que huir perseguido por los impactos de los proyectiles que levantaban polvo en su entorno.Tuvo suerte de no ser acribillado por las bocas de fuego de unos 15 soldados atrincherados. El mismo teniente que a cinco los niños nos pidiera nos largáramos del lugar, acudió al punto y por un instante me miró con indiferencia y en seguida ordenó a dos de sus hombres que bajaran a perseguir al solitario oponente quien desapareció entre las calles de Llallagua.

 Muy contento de haber logrado mi deseo de observar en plena acción a los soldados, retorné a mi domicilio con los bolsillos repletos de vainas.  

 Poco antes de oscurecer, los soldados de Las Cinco Casas procedieron a consumir sus alimentos que también años más tarde supe que era su ración de reserva de procedencia americana. Para entonces, parecía que la calma había llegado a la zona; sin embargo,  con dos de mis hermanas  mayores no cesábamos de mirar por las ventanas y en esas circunstancias vimos a una señora de pollera vestida toda de negro, acompañada de una señorita cubierta con un abrigo de color rojo; bajaban desde  La Salvadora por el camino que enlaza con la población de Siglo XX; sobrepasaron por detrás de los soldados que continuaban cenando sus raciones. De pronto, cuando en su caminar se alejaron unos 60 metros, la mujer de abrigo rojo comenzó a rebotar cual si fuera una pelota; la señora  seguramente su madre – corrió para agarrarla tratando de evitar que rodara hacia el río. No supimos de dónde provino el disparo, si de los soldados que estaban próximos a ellas o de algún tirador de la unidad dislocada en El Calvario. Posiblemente fue de este último punto de donde alguien quizo probar su puntería.

Lo que no vi en el transcurso del 24 de  junio, seguramente porque me encontraba fuera de mi casa correteando de un lado a otro por mi barrio al anoticiarme de la existencia de nuevos heridos, fue lo que me relató una de mis hermanas. Dijo que durante el día y a distinta hora, eran conducidos grupos de prisioneros mineros con las manos en la nuca, desde La Salvadora,hacia Siglo XX. El camino que une ambos campamentos mineros, es totalmente visible desde las ventanas de mi casa. En estas circuntancias,  de uno de los grupos de prisioneros, uno de ellos intentó escapar y no corrió mucho trecho porque un soldado le disparó por la espalda y el cuerpo del infortunado minero rodó hacia el denominado río Seco.

También me comenta que mi padre y con otros vecinos, se dedicaron todo el dia de esa trístemente fecha del 24 de junio a evacuar heridos de otras casas del barrio, a la mia y de este punto, para ser evacuadas a algún hospital.

Al parecer, las mayores bajas – entre muertos y heridos – se produjeron en los barrios de: Rio Seco situado en la población civil de LLallagua (mi barrio), por encontrarse en esa luctuosa fecha, entre dos fuegos; las otras bajas ocasionadas fueron en los campamentos de Visca Chani, La Salvadora y en la parte central del campamento  Siglo XX.

  (Nota. El capítulo titulado: INVESTIGACION REALIZADA A PORSTERIORI, puedes leerlo en la siguiente ENTRADA).